Con la precisión de un segundo

Miércoles, 09 de Marzo de 2016 11:30 PM El nombre del nuevo RICHARD LANGE SEGUNDOS SALTANTES es todo un programa

El nombre del nuevo RICHARD LANGE SEGUNDOS SALTANTES es todo un programa

El RICHARD LANGE SEGUNDOS SALTANTES es una nueva forma de interpretar el reloj científico de observación, en el que se combina la aspiración a la más alta precisión con la máxima facilidad de consulta. Su mecanismo de reajuste de la tensión del segundero acciona el volante con una fuerza constante. El mecanismo saltante integrado permite presentar la hora por intervalos de un segundo. El reloj de platino con 39,9 milímetros de diámetro y la llamativa esfera de regulador está limitado a una serie de 100 ejemplares.

El RICHARD LANGE SEGUNDOS SALTANTES ofrece una inteligente combinación de dos mecanismos que se complementan mutuamente: un mecanismo de reajuste de la tensión del segundero se encarga de que la fuerza permanezca constante y por lo tanto de que se alcance la más alta precisión. El mecanismo saltante permite una consulta precisa de la hora en la medida en que la gran aguja del segundero avanza exactamente 60 pasos por minuto. Gracias al mecanismo del ZERO-RESET, equipado con un acoplamiento de varios discos, se puede sincronizar el reloj de manera rápida y cómoda: al sacar la corona la aguja del segundero salta hasta la posición cero. Con el RICHARD LANGE SEGUNDOS SALTANTES, A. Lange & Söhne prolonga la serie de relojes iniciada en el 2006 que perpetúa la tradición de los relojes científicos de observación con construcciones innovadoras.

El segundero saltante o seconde morte forma parte de las complicaciones clásicas dentro de la relojería de precisión. Antiguamente, los relojes de bolsillo con esta técnica se consultaban para determinar el tiempo sideral o la hora solar y para establecer las longitudes geográficas. Naturalmente, hoy también resulta útil, cuando se trata de cronometrajes cortos, poder determinar el tiempo con la precisión de un segundo. En la historia de A. Lange & Söhne el segundero saltante desempeña un papel especial. Al fin y al cabo, ya en 1867, Ferdinand Adolph Lange desarrolló un „mecanismo del segundero con aguja saltante“, por el que la empresa obtuvo diez años más tarde una de las primeras patentes del nuevo registro de patentes imperial recientemente fundado.

Un gran escenario para el segundero saltante
La esfera de regulador de color rodiado con el gran círculo del segundero dispuesto en la parte superior dirige la atención hacia la más pequeña de las tres unidades de tiempo. Debajo se encuentran dispuestos, de izquierda a derecha, los pequeños círculos de las horas y de los minutos. La elegante caja de platino con un diámetro de 39,9 milímetros subraya la estética funcional del diseño de la esfera.

Diez horas a partir del rojo
Diez horas antes de que se agote la reserva de marcha, una indicación roja situada en la entalladura triangular de la esfera donde se cortan los círculos de las horas y de los minutos recuerda que hay que dar cuerda al reloj.

Fuerza constante desde el principio hasta el final
El nuevo calibre de la manufactura L094.1 domina todos los retos que van asociados al desarrollo de un segundero saltante. Su particularidad técnica consiste en la refinada disposición que aunque reparte entre dos trenes de rodaje el accionamiento por fuerza constante y el salto del segundero permite que ambos sigan trabajando juntos. El primer tren de rodaje va del barrilete al volante y aporta la energía por medio de un mecanismo de reajuste de la tensión al escape y órgano regulador a intervalos regulares de un segundo. El mecanismo, visible a través de una entalladura en el puente del rodaje, cumple una doble función: compensa tanto la fuerza del muelle real que va disminuyendo como las eventuales oscilaciones del par de fuerzas en el momento del salto del segundero. El resultado es una amplitud constante durante todo el tiempo de marcha de un máximo de 42 horas. Los valores de marcha óptimos quedan garantizados gracias a la combinación de volante excéntrico y de una espiral del volante autooscilante de fabricación propia.

El secreto está detrás del salto del segundero
Por medio del segundo tren de rodaje, el barrilete acciona el mecanismo saltante. Su misión consiste en transformar la frecuencia del volante de seis semioscilaciones por segundo en un único paso de la aguja del segundero. Este proceso – como ya ocurría en la construcción de Ferdinand Adolph Lange – está dirigido por una estrella de cinco puntas sujeta en el eje de la rueda del áncora. Visible, al estar colocada debajo de un zafiro transparente, la estrella gira junto con la rueda del áncora una vez cada cinco segundos en torno a su propio eje. Cada segundo, una punta de la estrella libera el denominado látigo. Este largo brazo de la palanca ejecuta ahora, accionado por el barrilete, un giro instantáneo de 360 grados antes de que lo detenga la siguiente punta de la estrella. Este giro hace que avance la aguja del segundero hasta el siguiente índice de los segundos por medio del árbol del segundero conectado al engranaje. Al mismo tiempo, el impulso de avance del segundero saltante se utiliza para aprovisionar con nueva energía al muelle de accionamiento del mecanismo de reajuste de la tensión.

Vuelta segura a cero
El RICHARD LANGE SEGUNDOS SALTANTES va equipado con un mecanismo ZERO-RESET. El acoplamiento en el árbol del segundero consiste en tres discos y un muelle especial enrollado a mano. El disco central del acoplamiento está firmemente unido al árbol del segundero y cuando está cerrado el muelle presiona al mismo tiempo los discos superior e inferior del acoplamiento. De este modo, el acoplamiento hace que se detenga la gran aguja del segundero que, a cada salto, en un funcionamiento normal acelera y se para bruscamente. Al sacar la corona, se libera un complejo mecanismo de palanca que bloquea el volante por medio de un muelle de parada y abre el acoplamiento. Se separa así el árbol del segundero del engranaje y se posibilita una vuelta a cero prácticamente sin fricción. Para ello, la palanca de puesta acero pivota contra el corazón y la aguja del segundero retorna instantáneamente a la posición cero. Al apretar la corona se cierra el acoplamiento y el volante queda libre de nuevo: el mecanismo se pone otra vez en marcha.

Obra maestra en serie limitada
El acabado del mecanismo de cuerda manual compuesto por 390 piezas corresponde a los más elevados estándares de Lange. Los puentes de alpaca natural decorados con un pulido de bandas de Glashütte, el puente del volante grabado a mano, ocho engastes de oro atornillados y las superficies esmeradamente acabadas con bruñidos y pulidos constituyen el complemento artesanal requerido por la perfección técnica del RICHARD LANGE SEGUNDOS SALTANTES en platino limitado a una serie de 100 ejemplares.