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Girard-Perregaux Minute Repeater Flying Bridges

26/03/2026

Opinión

En el mundo de la relojería hay muchas maneras en las que una firma puede destacar del resto. La más fácil es quizá ganar un premio del Gran Premio de la Alta Relojería (GPHG), es lo que hace que inmediatamente hablemos de una marca, lo hemos visto con Krayon y Angelus. Aunque, no es algo tan sencillo como presentar el reloj y el hada madrina te trae tu premio. No, tu base debe de ser sólida y perfecta, al decir base queremos decir el mecanismo y la manera en la que éste funcione y se elabore.

Entonces viéndolo de esa manera, no es necesariamente la forma más fácil, simplemente es la que atrae la mayor atención del público. Al final del día todo se remonta a aquello que hace que el reloj cobre vida, el mecanismo.

Ahí es donde hay múltiples maneras en las que una marca puede impresionar no solo al público, sino a toda la industria. Puede ser a través de una complicación, como lo es el tourbillon, el cual es la forma en que las firmas relojeras presumen de su proeza mecánica.

El tourbillon no es la única manera en que las habilidades relojeras pueden darse a conocer, hay todo tipo de complicaciones, desde minutos saltantes hasta calendarios perpetuos. Aunque las complicaciones de sonería tienden a llamar más la atención, pues podrían considerarse la complicación más bella de todas. ¿A qué vamos con esto?

Bueno, cuando una marca logra combinar más de una complicación es tema de admiración, más aún cuando dichas complicaciones son algo verdaderamente…complicado.

Es aquí donde entra Girard-Perregaux, una marca cuya historia es literalmente centenaria, comenzando en los años mil ochocientos, cuando el fundador Constant Girard comenzaría con la marca que evolucionó a lo que hoy conocemos (y admiramos).

El día de hoy tenemos al Girard-Perregaux Minute Repeater Flying Bridges, un reloj que une el pasado con el presente. Esto porque incorpora el legado histórico de la firma y los avances tecnológicos del siglo XVIII con los avances tecnológicos y estilísticos del siglo XXI.

El Flying Bridges porta cuatro características que lo hacen destacar, el primero de ellos son los afamados puentes que le otorgaron fama a Girard-Perregaux. Aunque al ver el rostro esqueletizado del reloj podemos apreciar que solo hay dos puentes en lugar de los característicos tres. La cosa es que en realidad tiene tres puentes, solo que el tercero está “oculto” en la parte posterior del reloj y se puede apreciar gracias a la tapa de cristal de zafiro. Este reloj porta el calibre automático de microrotor GP9530, este es el tercer nuevo calibre de manufactura presentado en menos de seis meses, lo cual demuestra la proeza mecánica y capacidad creativa de la que es capaz Girard-Perregaux. El GP9530 presenta una reserva de marcha de aproximadamente 60 horas.

Este calibre va más allá que ser un mecanismo totalmente de manufactura (como si eso fuera algo sencillo), pues también porta dos de las complicaciones más cautivadoras en el mundo de la relojería. La primera de ellas la encontramos a las 6 en la forma del tourbillon que a su vez actúa como segundero, mientras que la segunda y quizá la más importante es la parte de la sonería.

Imaginen lo fascinante que es esta complicación como para opacar la presencia de un tourbillon. Esto se debe a que la sonería no es tan sencilla como simplemente poner un par de campanas y ya. Para hacer esta complicación, Girard-Perregaux tomó en cuenta los materiales que se usan para amplificar las vibraciones y por ende el sonido de las percusiones. No solo es el qué materiales se van a usar, sino también la manera en que se usan.

La platina y los puentes del calibre están construidos de titanio, el cual propaga las vibraciones a través del movimiento. La propia platina está fijada a la caja para asegurar que estas vibraciones se transmitan, sin pérdida, desde el movimiento hasta la caja de oro rosa de 46 milímetros. El cristal de zafiro abombado a ambos lados de la caja amplifica la nítida melodía producida por los martillos que golpean los timbres metálicos por el lado de la carátula. Además de propagar las vibraciones, también se debe considerar que hay que evitar ruidos o interferencias que perjudiquen lo nítido del sonido. Para evitar esto, las campanas y sus soportes están hechos a partir de una sola pieza de metal.
Como este es un reloj automático, utiliza un microrrotor en el caso del GP9530; el cual está hecho de oro blanco con joyas engastadas, este microrrotor oscila en completo silencio, todo para no corromper la pureza del sonido del repetidor a minutos.

El Girard-Perregaux Minute Repeater Flying Bridges une pasado y presente, pues en sí la relojería y sus complicaciones fueron creadas hace cientos de años. Mientras que la ingeniería y los avances de ella fueron perfeccionadas en el siglo XXI.