El desafío de la precisión
En 1910, un reloj Rolex recibió un certificado de precisión cronométrica de la Oficina Oficial de Control del Funcionamiento de Relojes de Bienne, Suiza. Así pues, se demostró que este reloj de pulsera era tan preciso como un reloj de bolsillo, la referencia de la época. Unos años más tarde, en 1914, el mundo de la relojería se quedó asombrado una vez más, cuando otro reloj de pulsera Rolex recibió un certificado de Clase «A» del Observatorio de Kew, en Gran Bretaña. Por lo general, esta distinción se reservaba a los grandes cronómetros marinos.
Gracias a estos logros, Rolex contribuyó de manera significativa a la credibilidad del reloj de pulsera, que anteriormente había sido considerado como una simple joya muy poco fiable en términos de precisión. Tras haber superado el desafío de precisión, Rolex centró su atención en diseñar un armazón impecable para proteger sus movimientos.
